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Del aula a la selva filipina: “Lo que más nos impresiona es la impotencia”  

Cada año un grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza cruza el océano para curar a personas que “no han ido al médico en la vida”.

24/10/2025 - IXEYA BLASCO AÍNSA

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Médicas ejerciendo en Filipinas. Fuente: Lucía Gutiérrez

Más de 19 horas de vuelo y 11.000 kilómetros nos separan de Filipinas. El doctor Antonio Güemes llega cada año con un equipo de 12 especialistas y 5 estudiantes de pediatría, medicina de familia, ginecología, dermatología y cirugía general. Cada uno lleva una maleta de 20 kg con vendas, un coagulador eléctrico, indispensable en el quirófano, e incluso multivitamínicos, “los favoritos de los filipinos” según cuentan Denissa Andries y Lucía Gutiérrez, las dos estudiantes que participaron en el proyecto este verano durante los 15 días que duró la misión de cooperación en Lagonoy.   

  

Al llegar, se unen monjas de la comunidad de Siervas de María y voluntarios filipinos, la mayoría estudiantes de enfermería. En total, 25 personas aproximadamente. Lo cierto es que, aunque España y Filipinas comparten un pasado histórico, en la actualidad el tagalo es el idioma oficial que más se utiliza en el país asiático.   

  

Aprenden a trabajar en condiciones “austeras”  

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El escenario de los voluntarios son los barangayes o zonas de difícil acceso en la selva filipina. Por eso, Güemes reconoce que el reto más difícil al que se enfrentan es la impotencia: “Hay niños que muchas veces están condenados a morir y no puedes hacer nada por ellos”— relata el médico especialista en cirugía general del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza y cofundador del proyecto de la ONG Phileos.— “Aunque también hay anécdotas buenas. La mayor parte de lo que hacemos es muy útil y los pacientes están satisfechos”.

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Atendiendo a pacientes filipinos. Fuente: Lucía Gutiérrez

Conformarse con poco es la clave del éxito  

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Lo que más les llamó la atención de Filipinas a Lucía y Denissa fue precisamente que “a pesar de tener menos recursos, disfrutaban mucho de cualquier cosa. Eran muy sonrientes, muy agradecidos”. Una lección que dejó mella en el doctor Güemes tras 10 años colaborando, y que trata de transmitir a los estudiantes que le acompañan: “Quizás es lo más importante, que los estudiantes aprendan a no quejarse de nuestra Seguridad Social. En el hospital es muy fácil trabajar, si tienes alguna duda le preguntas al colega que lo tienes al lado, pero allí no y tienes que solucionarlo.” Una experiencia que Andries y Gutiérrez repetirían sin dudarlo porque “allí de verdad sientes que puedes ayudar”.   

  

La cooperación se contagia  

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La Fundación planea ampliar su horizonte y colaborar el próximo año en el continente africano con Etiopía. Una iniciativa con la que, desde la Universidad de Zaragoza, Emilio Perdices Villanueva, Técnico en Gestión y Proyección Social, anima a los estudiantes a inscribirse para participar en estos y otros proyectos de voluntariado: “Hasta ahora tenemos registrados 300 voluntarios y más de la mitad colaboran con Universitarios con la Infancia”. Villanueva asegura que “un 85% de las inscritas son mujeres de entre 20 y 26 años —aunque el 100% de los voluntarios comparte un factor clave —con bastante empatía y preocupación por los problemas que ven”.

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