Pablo Ríos, voluntario aragonés en la DANA: “Entre el pueblo debemos apoyarnos”
El estudiante de medicina Pablo Ríos fue uno de los voluntarios aragoneses que se trasladaron hasta Valencia para ayudar en las labores de la DANA.
29/10/2025 - JAIME LAJUSTICIA OLIVERA

Varios voluntarios limpiando el Colegio Sant Blas, Albal. Fuente: Pablo Ríos
Hace un año de la DANA en la que murieron 224 personas y provocó muchos destrozos materiales. Hasta la zona afectada llegaron miles de voluntarios de todas partes de España, entre ellos Pablo Ríos. Asegura que lo tuvo claro: junto a varios compañeros organizó una recolecta de material en la puerta de la facultad de Ciencias de la Salud de Zaragoza, y gracias a la solidaridad de la gente llenaron dos furgonetas rumbo a Albal, una localidad valenciana.
Consiguió reunir a unas 50 personas. Se alojaron en el Colegio Sant Blas, un centro que pedía ayuda para ponerlo en marcha de nuevo. “Estaba todo vacío, y lo único que había eran mesas y sillas amontonadas en las esquinas”, comenta Ríos. “Todo estaba lleno de barro, casas destrozadas y coches amontonados por las calles”, añade.
La labor de Protección Civil de Aragón
Frente esta ayuda, también la de los organismos públicos. Uno de ellos, Protección Civil de Aragón. El operativo total entre bomberos, policías, agricultores fue de 2000 personas, de las cuales 180 eran voluntarios. Sara Pelegrín fue la responsable de las Agrupaciones de Voluntarios: “Lo más impactante era la marca de la altura del agua en las casas y las montañas de coches”, asegura.
Sara Pelegrín se encargaba de coordinar los trabajos necesarios, además de evaluarlos y clasificarlos en función de su urgencia. Los voluntarios, en cambio, colaboraban en lo que fuera necesario. “Desde ayudar con la luz o a limpiar, hasta garantizar que todos los trabajadores tuvieran desayuno, comida y cena para poder seguir trabajando”, declaró Sara Pelegrín.

Coches apilados por las calles de Albal. Fuente: Pablo Ríos
Las consecuencias psicológicas de lo ocurrido
A las consecuencias materiales se suman las consecuencias psicológicas que, a día de hoy, un año después de la DANA, siguen presentes tanto en los afectados como en los voluntarios. El psicólogo social Ángel Castro afirma que “ante una situación así nos volvemos vulnerables y es probable que se sufran problemas psicológicos relacionados con la ansiedad o el miedo por que pueda volver a pasar”.
Según Castro, la vulnerabilidad es el mayor problema que sufren los voluntarios ya que “van con muchas ganas de ayudar y al volver a sus casas asimilan la dureza de la situación que han visto”. También conoce “casos de gente que tiene pánico al agua en todas sus formas: desde ducharse, hasta a que chispee”. Su recomendación es la búsqueda de ayuda psicológica para poder dejar atrás un suceso tan traumático.
Un año después queda en el recuerdo de los valencianos la gran labor ejercida por los voluntarios. Como dice Pablo Ríos: “Entre el pueblo debemos ayudarnos si tenemos los medios necesarios para ello”.



